Las oportunidades económicas del coronavirus

Por: Luis Salas Rodríguez.

A estas alturas de los acontecimientos ya todo el planeta parece tener claro de la necesidad de actuar contundentemente y de manera rápida contra la pandemia del coronavirus. Y al mismo tiempo, que son los estados y gobiernos los llamados a ponerse a la vanguardia de dicha actuación.

O como se ha puesto de moda decir: hay urgencia en aplanar la linea de propagación del Covid para detener el contagio y revertir la situación crítica incubada. Y los llamados a hacerlo son los gobiernos y los sistemas públicos de salud. El ejemplo de países como China, Cuba y Corea del sur así lo evidencian. Lamentablemente, países como Italia y España, donde las cosas parecen descontrolarse, lo son de lo que no se debe hacer.

Ahora, a la par, existe consenso en que la misma actitud hay que tenerla en lo que respecta a los efectos económicos de la epidemia, que no son menores, ya son graves, y de hecho, potenciamente tan o más devastadores que los epidemiológicos. Y eso es así incluso en los casos en que se actúa correctamente y siguiendo los protocolos requeridos. Es decir: es verdad que la no cuarentena puede llevar a paises enteros al colapso y no solo de sus servicios de salud. Pero las cuarentenas también tienen efectos regresivos y negativos que es necesario gestionar. En resumen: a la urgencia de aplanar o suavizar la línea de propagación del virus se suma la de aplanar o suavizar la de su impacto económico.

Las medidas extraordinarias tomadas por gobiernos como el argentino, francés, el alemán y el norteamericano mismo, así lo reflejan. Lo que no es poca cosa si se considera que para ello al menos los tres últimos han tenido que meter en cuarentena los dogmas neoliberales de libre mercado, no intervención de los estados en la economía, autoregulación, prioridad de lo privado sobre lo público etc., de los cuales hasta hace dos semanas eran entusiastas exponentes y propagandistas.

Con respecto a lo primero, nuestro país no ha sido la excepción. Apenas se tuvo certeza de lo compleja que se estaba poniendo la situación global, el gobierno nacional actuó apostando a colocarse por delante de la crisis y no detrás, procurando con eso no limitarse a hacer mero control de daños. No obstante, la misma velocidad y claridad no la muestra en lo referido a lo económico, donde pareciera se le está enredando una vez más el papagayo.

El interés de esta nota no es alarmar en cuanto a esto pues ya bastante alarma tenemos con lo epidemiológico por sí solo. Pero consideramos necesario coadyuvar a crear conciencia de lo urgente que es actuar, de los costos que se corren de no hacerlo a tiempo, pero también, de hacerlo en la dirección errónea. Y a la par, plantear algunas cosas que pensamos deben hacerse no solo a fin de mitigar los efectos más perversos de la crisis desatada, sino también convertir dicha crisis en una oportunidad, para decirlo utilizando el manoseado lugar común.

El costo de no actuar o no hacerlo a tiempo

La mayoría de los expertos señala que el Covid-19 se ensaña con aquellas personas que tienen condiciones o afecciones adversas preexistentes, como son las de la tercera edad o con enfermedades respiratorias. Lo mismo puede decirse con las economías: los efectos económicos de la pandemia se harán sentir especialmente sobre aquellas economías que presenten situaciones críticas preexistentes. Y ese, es exactamente nuestro caso.

En efecto, antes del Covid-19 ya teníamos los venezolanos y venezolanas la preocupación de cómo hacer para aplanar algunas líneas de tendencias económicas con comportamiento en extremo negativos. La de precios, que no paran subir, y la del tipo de cambio, que tampoco (por más que esta coyuntura la haya tomado en uno de sus clásicos estados de estancamiento estacionario), son con seguridad las más conocidas. También la de la producción petrolera, en franca caída desde hace varios años, por lo cual más que aplanar se hace necesario revertir su tendencia. Pero para no enredarnos con muchos indicadores resumamos todas las líneas en una sola: la del PIB, en caída libre desde 2014. incluso desde 2013, ultimo año de comportamiento positivo de este indicador pero ya con significativo retroceso con respecto a 2012. Veamos

Como queda claro, y como es patente para la mayoría que lo vivimos todos los días, ya antes de la aparición del Covid-19 y su transformación en pandemia la situación de la economía venezolana era crítica. Entre 2012 y 2018, que es el último año con que se cuenta con cifras oficiales de comportamiento del PIB, la economía venezolana se contrajo un -48,6%, que es tanto como decir que en seis años se redujo a casi la mitad del punto alcanzado en 2012. Eso no tiene antecedentes en la historia remota nuestra. Y a nivel mundial equivale al descalabro de países en guerra abierta como por ejemplo Siria. Pero adicionalmente, supone que ya no estamos hablando de un más o menos simple estancamiento o retroceso coyuntural: hablamos de una contracción de la produccion de riqueza tanto como de las fuentes de producción de dicha riqueza.

Para el año 2019 no tenemos aún cifras oficiales. Pero a efectos de la gráfica usamos nuestra proyección de una caída de -25%, en el entendido que se trató de un año sumamente complejo en lo político pero también en lo económico directamente, dado el impacto de los apagones del primer semestre, el bloqueo, la caída de la producción petrolera y de la política monetaria restrictiva ortodoxa aplicada por Min-finanzas/BCV. Para el año 2020, utilizamos la proyección del FMI, con la cual coinciden la mayoría de los analistas.

Así las cosas, estamos hablando que entre 2012 y 2019, la economía venezolana se habría reducido en más o menos un 65% de su tamaño. Si a eso le sumamos el 10% proyectado para 2020, implicaría que al finalizar este año y pese a la burbuja del consumo dolarizado y el ajuste de la economía a su mínimo operativo, la misma habría terminado siendo poco más de un tercio de lo que era en 2012.

Pero todo eso era antes de que supiéramos de la existencia del coronavirus, ahora la situación es otra y no necesariamente para bien. Veamos:

En esta gráfica estimamos un escenario conservador, en el entendido que la crisis del coronavirus tanto nacional como global dure todo el primer semestre del año (así la cuarentena en nuestro país se levante o flexibilice antes).

En esta siguiente proyectamos partiendo de una extensión de la crisis que ocupe todo el año:

La conjunción de caídas de precios de petróleo (en el más optimista de los escenarios, no se espera superen los 50 dólares por barril durante el año, estando la media en torno entre 25 y 30), contracción del PIB y el comercio internacionales (se estima un PIB global de 1,4% vs., ya de por sí bastante bajo estimado frete al 2,9% en diciembre, con una contracción del comercio de -3,75%), más los efectos contractivos de la cuarentena criolla sobre una economía que arrastra más de un quinquenio de contracción, son factores que se conjungan para pintar un escenario económico bastante extremo, todo esto -claro está- suponiendo que la epidemia en cuanto tal no se salga de control.

Debido a la naturaleza intempestiva del fenómeno que atravesamos es muy difícil prever cuál escenario tiene mayores probabilidades de darse. En cualquier caso, los que ponemos cumplen el papel de alertarnos sobre lo que se nos avecina si no hacemos la tarea a tiempo.

Por lo demás hay que tener presente en lo más inmediato al menos las siguientes cosas:

  1. Que la crisis global además de afectar la entrada de divisas al país por la vía de la contracción del comercio y los precios del petróleo, también lo hace por la de las remesas: estas deben contraerse ídem.
  2. El abastecimiento vía bodegones también se verá especialmente afectado. Es muy posible que la burbuja del sector termine de reventar tanto por el aumento de los precios de los productos importados, como por las dificultades e incluso imposibilidad de traerlos. Como siempre, los más expuestos serán los comercios más pequeños.
  3. Y desde luego las importaciones de productos para el clap también se verán afectados por la caída del ingreso petrolero.
  4. La cuarentena, al pasar de los días, tendrá efectos sobre el abastecimiento de las ciudades, también y tal vez sobre todo Caracas. Incluso en algunas zonas del interior hay restricciones para el combustible, lo que afecta la movilidad de las mercancías.
  5. En la medida que la mayoría de las familias y personas no cuenta en la actualidad con ingresos suficientes para abastecerse por largo tiempo, se pueden presentar situaciones -como de hecho ya está pasando- en que la gente se vea forzada a romper la cuarentena o bien para abastecerse o bien para buscar generar recursos para hacerlo. Esto puede derivar en situaciones explosivas, sobre todo si se conjuga con pr{acticas especulativas que ya también se observan y posible desabastecimiento real o inducido.
  6. Lo anterior también aplica para el caso de algunos servicios, como el gas y el agua.
  7. De prolongarse las cosas, no pocas empresas que aún quedan en pie, diversos emprendimientos y trabajadores cuentapropistas, enfrentarán situaciones de posible cierre y quiebra, con todo lo que ello implica.
  8. Pese al cierre de las fronteras es muy probable se produzcan fenómenos masivos de retorno de venezolanos y venezolanas en en exterior, con todo lo que esto supone de aumento de la presión de demanda de bienes y servicios (sin mencionar la amenaza epidemiológica).
  9. De no levantarse la política monetaria restrictiva en bolívares, el schock de demanda será mucho mayor y afectará sobre todo a quienes no están dolarizados o lo están parcialmente. El tema es que levantar dicha política para el gobierno reporta el dilema nada sencillo de crear condiciones para que se disparen de nuevo la inflación y el tipo de cambio. Ahora, en la medida que hay que debe elegir entre dos opciones malas, no le queda otra de escoger la menos mala. Y a nuestro modo de ver la menos mala es levantar la política restrictiva y sacrificar cuotas de inflación, que a todas estas -dicho se de paso- no se ha detenido pese a la restricción monetaria.
  10. Lo que debe hacerse en este caso de manera complementaria es aplicar controles de precio, o bien explícitos -como se está haciendo en Argentina- o bien implícitos o parciales, como se están haciendo en Francia, Alemania e incluso en los Estados Unidos con algunos rubros médicos esenciales. Pero el problema aquí es bien sabido: este gobierno no pareciera tener la capacidad y menos aún la voluntad para hacer algo en esa línea, pese a que en la sociedad pareciera existir consenso en que las condiciones especiales así lo ameritan. De hecho, por lo poco dicho hasta ahora, más bien como que se apresta a hacer las mismas cosas que ya ha hecho antes sin resultados positivos para las grandes mayorías, como pagar las nóminas de los privados o darles créditos blandos sin garantía real de nada a los afiliados a las cámaras. Por increible que parezca, la misma coyuntura que está obligando a los gobiernos neoliberales a ser intervencionistas, está exponiendo el talante no inervencionista y conservador del gobierno de izquierda venezolano en materia económica.

Entonces: ¿qué hacer?

  1. En lo inmediato es positivo lo que se ha anunciado en torno a las jornadas extraordinarias de abastecimiento vía Clap, así como lo de bajar recursos a las familias vía bonos. Creemos que esta es una iniciativa que debe mantenerse y profundizarse.
  2. Suponemos que el Clap tenderá a variar su aprovisionamiento vía productos importados para dar prioridad a nacionales, esto por las razones del comercio exterior antes mencionadas (caídas de los ingresos, paralización del comercio internacional, etc) pero también como una manera de evitar gastar las pocas divisas disponibles y estimular el aparato productivo interno.
  3. Aplicar una exoneración del IVA en aquellos rubros que así lo ameriten.
  4. Impulsar un plan de estímulo productivo de alimentos, en especial con pequeños y medianos productores donde existe menos concentración, y por tanto, posibilidades de especulación, desvío y acaparamiento.
  5. Aplicar un plan de abastecimiento de combustible que garantice el transporte de mercancías a lo largo y ancho del país con las condiciones de salubridad debidas.
  6. Desestimular e incluso prohibir la importación de bienes no esenciales, lo cual puede hacerse vía arancelaria.
  7. Centralizar la producción de bienes de salud esenciales, incluyendo mascarillas y productos de higiene y limpieza.
  8. Aplicar controles de precios de bienes y servicos esenciales, garantizando todas las condiciones institucionales y ciudadanas para garantizar su cumplimiento. El modelo argentino sirve de base.
  9. Flexibilizar la política monetaria restrictiva sobre los encajes bancarios, lo cual resulta menos honeroso para el país que dar créditos públicos blandos a privados. El desvío de recursos al mercado paralelo de divisas puede hacerse por otras vías de seguimiento que no supongan la paralización del mercado crediticio.
  10. A propósito de este punto, pensamos es la oportunidad dorada de revertir el proceso de dolarización «espontánea». Y de elloo debería convencernos los problemas que comienzan a tener las economías dolarizadas en contextos como estos en lo que el dólar se revalúa, la fuga de capitales se dispara (durante la crisis financiera de 2008, la salida de capitales de mercados emergentes sumó 20 mil millones de dólares en los primeros 50 días posteriores al estallido. En la crisis actual esta cifra es cuatro veces más elevada: en  el mismo período se registró una fuga cercana a los 60 mil millones de dólares), la liquidez en divisas merma, las importaciones se hacen poco competitivas y, en líneas generales, se hace casi imposible hacer política monetaria e incluso económica contra cíclica. Ecuador tal vez resulta el ejemplo más acabado de lo que queremos decir. Este tema ciertamente merece un tratamiento más amplio que procurareos darle en una próxima entrega.
  11. En cuanto al financiamiento externo, pensamos que la vía más engorrosa y costosa es la de endeudarse con instancias como el FMI. A este respecto, lo primero que hay que tener claros es que el contexto económico abierto por el Covid-19 prolongará sus efectos por largo rato y es posible que lo peor esté todavía por venir de complicarse la pandemia mundial. Así pues, no es buen momento para endeudarse con un dólar revaluado que hace más caros los servicios de deuda, un petróleo por el piso y una proyección de recuperación global cero para un país ya altamente endeudado y además bloqueado. Nos parece que la opción en este momento pasa por profundizar la política de financiarse a través de la venta de oro, que con todo y el comportamiento ambiguo que ha tenido estos días sigue siendo el refugio más seguro y por tanto vendible en los mercados globales. Venezuela cuenta todavía con importantes reservas en oro monetario (unos 3.500 millones de $ a precios actuales), que pueden ser vendidas paulatinamente en estos mercados a fin de hacernos con flujo de caja.
  12. Debería igualmente solicitarse a China una moratoria en el pago de deuda con petróleo, a fin de liberar esa producción a la venta directa en los mercados.
  13. La propuesta hecha por algunos sectores de cambiar alimentos por petróleo, además de humillante nos parece inviable dado los precios actuales del barril.

En fin, como dice el dicho, a tiempos extraordinarios medidas extraordinarias. Y la más extraodinaria de todas en este contexto es meter las ideas neoliberales en cuarentena y volver a la centralidad del estado y su direccionalidad económica. Por trillada que parezca, es esta la receta ganadora: y prueba actual de ellos es que los países más capitalistas del “primer mundo” -con Trum y Macron a la cabeza- están recurriendo a ellos sin ruborizarse. Fue de hecho lo que hizo Chávez en 2008, cuando el precio del petróleo bajo a niveles actuales y parecía que el apocalipsis como ahora tambié se aveciaba, aunque a través del contagio de las hipetecas subprime.  

Y por cierto: más allá del efecto imitación, no tomar medidas proteccionistas cuando todo el mundo lo hace es verse más expuesto en el «papa se quema se quema la papa» en que se convierte el sistema económico mundial cuando de repartir las pérdidas de las crisis se trata.   

Quedar en este momentos atrapados en la prudencia prejuiciosa para ganar el favor de los sectores más recalcitrantes y egoistas de la sociedad, es exactamente lo que no necesitamos. Así como encerrarse en la diatriba “Maduro vs. Guaidó”, “Maduro vs. Trump”, “FMI mal o FMI humanitario” es un camino que puede ser entretenido para los influencers de tuiter, pero para nada útil para el resto del país: el real.

Ya era así antes de la pandemia, pero ahora más que nunca se requiere de otra orientación para que la economía, y por tanto el país, no se queden enredados definitivamente en el bucle de la decadencia e inviabilidad final. Desde este punto de vista, el coronavirus que vino ciertamente a complicar las cosas, tambien puede ser la oportunidad no esperada de darle un giro a los acontecimientos y salirse de la trampa ortodoxa en el que en algún momento el gobierno decidió meterse.