Anuncios económicos: 10 lecturas y una posdata

Por: 15 y Último

El éxito de una política económica no puede evaluarse por sus objetivos manifiestos. Si ese fuese el caso, todas serían buenas, pues todas dicen propender a lo mismo: mayor prosperidad social, reducir la pobreza, etc. La manera correcta de hacerlo es analizando los medios e instrumentos que usan para conseguir dichos objetivos, el contexto sobre el cual se erigen y, finalmente, sus resultados.

En tal virtud, con respecto al conjunto de cosas anunciadas el día viernes 17 de agosto en cadena nacional, todos y todas podemos estar de acuerdo con sus objetivos y deseamos que todo salga bien: pero solo el tiempo dirá, en base a sus resultados, si se tuvo éxito o no.

Como no somos adivinadores, no nos adelantaremos a ello. Pero si nos gustaría plantear algunas consideraciones con respecto a eso que media entre los objetivos primarios y los resultados finales: el contexto económico-político y algunos de los medios e instrumentos específicos que se pretenden usar, donde creemos existen más dudas que certezas.

  1. Con respecto al anclaje del Bolívar Soberano al Petro y el modo de convivencia entre ambos, consideramos falta mucho por aclarar. Ya se estableció una equivalencia: un Petro es igual a 3.600 Bolívares Soberanos. Y aunque no se dijo abiertamente, un tipo de cambio del Bolívar Soberano con la principal moneda de referencia mundial: el dólar. En términos concretos, esto representa un tipo de cambio en torno a los 6 millones de Bolívares Fuertes, que es tanto como decir 60 Bolívares Soberanos. El paso de uno a otro cono pareciera anular la devaluación implicada dándole la apariencia de una sinceración, pero se trata de un efecto óptico. En la práctica, lo hecho equivale a una devaluación en torno al 2.319%, si se toma en cuenta el tipo de cambio oficial DICOM. Por otro lado, el monto se colocó por encima del otro tipo cambio “oficial”: el de las remesas vía casas de cambio, a la vez que supuso un reconocimiento implícito del paralelo, si bien el promedio de éste al día de ayer era de 7.208.381 bolívares fuertes.
  2. Resulta más que obvio decir que esto tendrá un impacto inmediato e inevitable sobre los precios. Es eso que los economistas llaman pass througth: cómo una variación del tipo de cambio termina trasladándose a los precios, es decir, cómo la variación en aquel termina transfiriéndose a estos. En diversos estudios del BCV, se estima que tradicionalmente en Venezuela esto suele ser entre 30% y 49%. Sin embargo, en ninguno de esos estudios se contempla un contexto hiperinflacionario con una alta carga de conflictividad política como el actual. Ya de por si, se estima –ante la ausencia de cifras oficiales- que la variación mensual de los precios ronda el 100%. Una cosa más la otra, unido al sabotaje y la incertidumbre propia de un cambio de cono monetario que tiene importantes niveles de complejidad contable para el común de las personas, pueden llevar los precios varias veces por encima de sus valores actuales.
  3. Se anunció un más que importante ajuste salarial y el gobierno nacional se comprometió a cubrir las nóminas de la pequeña y mediana industria. En cuanto a lo primero, por “importante” hay que entender que pasamos, en palabras del propio presidente, nominalmente hablando, de un asalario mínimo equivalente a 1 dólar mes a uno que ronda los 30 mensuales, lo que ya de por sí es un reflejo de lo dramática de la situación salarial actual. Pero dejando de lado ese asunto, habría que aclarar inmediatamente cuál sería la instancia a la cual deben consignar dicha pequeña y mediana industria sus nóminas (¿a la banca pública, a la pública y la privada, el ministerio de planificación, al de finanzas, al BCV?). No se hizo mención a nada de eso… por ahora.
  4. Por otra parte, ocurren aquí al menos otras dos cosas: la primera es que, asumiendo que toda esta transformación comienza el próximo lunes 20, queda un plazo de exactamente dos semanas hasta el final de la próxima quincena, que es cuando la gente cobraría por primera vez su nuevo salario.  Administrativamente es poco, lo que supondrá un esfuerzo mayúsculo por parte de administradores y contables para ponerse al día, lo que en el caso de la administración pública se complica por el tema de las velocidades de aprobación de los créditos adicionales que hay que destinar al respecto (lo que no solo incluye a la administración pública central sino a la descentralizada, como gobernaciones, alcaldías, etc.). Pero si bien administrativamente es poco, en términos de precios en un contexto hiperinflacionario es una eternidad, de manera que cuando dentro de dos semanas la gente cobre su nuevo salario los precios seguramente se habrán multiplicado varias veces, de manera que el aumento nominal en términos reales podría quedar anulado si no se controlan los precios. Incluso si se da el caso que el gobierno cumple su promesa de asumir las nóminas de la pequeña y mediana industria, esto puede terminar siendo una transferencia adicional al sector privado sin garantía de que los precios se mantengan.
  5. Lo otro que ocurre con respecto a esto es lo siguiente: los principales formadores de precios en nuestro país no se encuentran en la pequeña y mediana industria, por más que en estas también haya especulación. Dadas las características de la economía venezolana fuertemente concentrada y sensible a las importaciones, los principales formadores de precios son las grandes industrias (de alimentos y productos de higiene del hogar y personal, por ejemplo), las cuales, en razón de su poder de mercado, terminan trasladando sus costos a los precios de los pequeños y medianos comerciantes y por esa vía desatan un efecto cascada especulativo. Por lo demás, al encarecerse las importaciones al nivel descrito en el numeral 1, no puede esperarse otra cosa que un aumento generalizado de precios.
  6. Y no menos importante: si todo sale perfectamente bien con la inyección de efectivo y la cantidad de billetes en manos de la gente sube de los niveles actuales (menos del 1% de la liquidez monetaria) y se coloca a niveles que pueden ser el óptimos (entre 9 y 10%, según los cálculos del profesor José Gregorio Piña), debemos estar conscientes que esto anulará hacia arriba la diferencia actualmente observada entre precios en efectivo y precios vía medio electrónicos de pago, lo que suena bien, pero afectará particularmente hacia arriba los precios en zonas populares y rurales.
  7. Volviendo el tema del anclaje del Bolívar Soberano a El Petro, nos parece que no quedó claro lo referido al uso de éste último como unidad de cuenta para precios y salarios. En un texto anterior a éste, especulábamos con respecto a que lo planteado parecía una analogía de el plan real brasileño: pero para que esto sea así, deben entonces los precios y salarios estar fijados en petros, pero las personas disponer de bolívares soberanos, de manera que cuando alguien vaya a pagar o cobrar contablemente debe calcular en las dos monedas. De más está decir que esto complejizaría aún más las matemáticas de la gente a partir del lunes, pero como quiera que sea, lo cierto es que no se especificó y debería hacerse tan pronto como ya.
  8. Sobre el tema cambiario, el presidente anunció la unificación, lo que supone eliminar el tipo de cambio DICOM pero conservando el mecanismo de las subastas (de hecho se dijo que aumentarían a 3 semanales en primera instancia) y asumir explícitamente el que el día de ayer se asumió implícitamente (1$ = 6.000.000 BsF/60 Bs Soberanos). Ahora, como se ha sostenido reiteradamente en este espacio comunicacional y la realidad ha confirmado una y otra vez, la desaparición del mercado paralelo de dólares no pasa porque se reconozca el precio de éste y se oficialice: dejando por fuera el componente político, se trata de un asunto de cantidades, es decir, si se cuenta o no con divisas suficientes para alimentar un mercado cambiario oficial sin restricciones ni limitaciones, que den excusas para que se mantenga el paralelo o se produzcan corridas cambiarias. Dado los niveles de producción actuales de PDVSA y el nivel de reservas en el BCV, más la espada de Damocles que pende sobre el país por concepto de vencimiento de deudas y demandas comerciales (como la que acaba de afectar a CITGO), aunado a la imposibilidad dado el bloqueo internacional de acceder a los mercados financieros, luce bastante arriesgado suponer que el gobierno tendrá la capacidad de satisfacer dicha demanda. Desde luego, siempre estará abierta la posibilidad de que los privados alimenten el mercado cambiario, pero esto significaría un cambio en la tendencia de al menos los últimos 70 años.
  9. Un factor tal vez no tomado en cuenta pero que seguramente presionará al mantenimiento y alza del mercado paralelo de dólares, es la cantidad de personas que ante la precarización salarial ocurrida sobre todo en los dos últimos dos años, pasó a dedicarse a la informalidad, el cambio de remesas y actividades comerciales especulativas ligadas a dicho mercado. Recordemos que esto ya pasó una vez este año cuando se estancó el dólar today y se impusieron los otros marcadores paralelos presionados por los poseedores de divisas revalorizando las mismas ante el avance de los precios.
  10. Nos parece acertada la decisión de posponer lo de la gasolina, hasta tanto no se tenga un diseño más acabado de lo que se pretende hacer y cómo.

POSDATA: pensamos deberían dictarse medidas especiales de protección salarial-laboral y ser ágiles a la hora de atender a la pequeña y mediana empresa (que emplea un 80% de la mano de obra del país), pues puede desatarse un efecto generalizado de cierres y por tanto de cese de trabajadores.

No deben subestimarse el aumento de los costos de reposición, el peso del aumento salarial sobre comercios pequeños y unidades productivas en un contexto de contracción del consumo, lo que no solo incluye a privados sino EPS y otras formas asociativas alternativas que crecieron durante esto años.

Por último,  ya los gremios empresariales comenzaron a pronunciarse así como toda su batería de opinadores, dando a entender que mantendrán e intensificarán su política de oposicionismo a todo lo que emane del gobierno en materia económica.

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