El Último Round / Juntos (¿quiénes?) todo es posible

Por: Jessica Dos Santos Jardim

            Hace un par de semanas, me toco salir de Las Mercedes al centro de Caracas para luego partir a La Yaguara. En el trayecto, un común denominador: las cuadrillas del Plan Caracas Juntos Todo es Posible.

Es imposible no verlas: con retroexcavadoras y taladros manuales están quebrando el concreto del paso peatonal en ambas direcciones al mismo tiempo, no quedando otra opción que lanzarse a la calle. Trabajan rápido y los escombros son retirados inmediatamente. Algo positivo para quienes recordamos todo lo que tardo la remodelación de la Plaza Candelaria.

No obstante, por alguna extraña razón, verlas no me generó alegría, pese a que yo misma llevo meses clamando que alguien le hiciese un cariñito a la ciudad. Pero, resulta que quien pintaba el brocal en la Río de Janeiro lo hacía desde los agujeros que hace años reinan en el asfalto en medio de semáforos dañados que ya la gente ni ve.

Mientras, en la Avenida Libertador cortaban sin ton ni son hasta las trinitarias. Y por el centro, destrozaban aceras en perfecto estado incluyendo un tramo, entre la esquina Sociedad y Parque Carabobo, que estaba hecho de mármol rosado, así como las calles de adoquines donde solo se requería arreglar un pedacito.

Ni hablar de la ciclovía de Bellas Artes que no tenía ni dos años de haber sido inaugurada. O de lo absurdo que me pareció que todo esto se iniciara justo cuando la temporada de lluvias comienza a tomar cuerpo en el área metropolitana.

Entonces, me di a la tarea de hurgar entre los obreros a ver quien llevaba la batuta de esto. Pero, nadie decía nada. De hecho, los dueños de locales (desde tiendas hasta quiosquitos) afirman que a ellos nadie les consulto nada.

A lo largo y ancho del camino tampoco hay vallas que informen sobre la propuesta de rehabilitación, su costo, y la empresa a cargo de los trabajos, algo a lo que de una u otra forma nos acostumbró el gobierno bolivariano desde sus inicios.

Sin embargo, todos los trabajadores, la mayoría sumamente jóvenes, tienen franelas con el eslogan “Juntos, todo es posible”, el cual nos recuerda a la campaña liderada meses atrás por el presidente Nicolás Maduro, aunque el mismo admitiese que más pegada tuvieron los slogans creados por el pueblo que sus expertos en Marketing.

A los días, la respuesta llegó por Unión Radio, donde la jefa de Gobierno de Distrito Capital, Carolina Cestari, explicó “se trata de un acuerdo de cooperación y trabajo con el sector privado, estamos hablando de un grupo de empresarios jóvenes (…) son muchachos que apuestan a su país, tienen la fuerza económica, ellos fueron quienes le presentaron al presidente toda esta propuesta, le dijeron ‘queremos un nuevo comienzo, lo podemos apoyar, tenemos maquinaria, lo que no tiene uno lo pone el otro’…”

Al tiempo que agregaba “… le dimos la libertad a estos muchachos de que conformaran sus equipos y hay mucha juventud, proporción paritaria de hombres y mujeres, muchos han sido captados por chamba juvenil…”

El programa avanzó y “los empresarios jóvenes” nunca tuvieron nombres personales ni jurídicos, tampoco se habló de ninguna licitación, ni se conoce las condiciones de trabajo de ese muchachero que conforma las cuadrillas (a veces son decenas solo pelando una pintura vieja)

Al instante, recordé a Chávez en el 2004, desde el estado Táchira: “…Hay un viejo vicio (…) aparecen empresas a hacer negocios para venir a subcontratar y ganarse un realero y la obra sale más cara y rinden menos los reales (…) a los empresarios que vengan a trabajar hay que exigirles (…) hacer de conocimiento público lo que se hace…”

Al final, Jorge Amorín, dijo que algunos “de mala fe, muchas veces de mala fe” dudan sobre lo que se está haciendo, porque “en medio de la situación que tenemos” hay otras prioridades (aseo urbano, transporte, luz, agua).

Ante lo cual, Cestari afirmó que “el gobierno invierte en todo, en 5 años de guerra económica no hemos dejado de invertir en viviendas, en CDI, en escuelas”, aunque durante toda la entrevista hubiese resaltado que este plan iba a sacar a Caracas de “la desidia y el abandono” imperante.

Así que, entonces, concluí que yo debo ser una vieja escuálida del Cafetal, sin importar que viva en el Oeste ni a que le he dedicado la mitad de mi vida, porque tal parece que si a usted algo le genera dudas entonces tiene que recordar que “calladito se ve más bonito” porque aquello de la “contraloría social” es una bandera que flamea solamente cuando conviene.

Amanecerá y veremos.

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