Año nuevo… ¿talonarios viejos?

Como hemos dicho en otras ocasiones, la manera más adecuada de medir lo positivo o no de una medida, es tomando en cuenta sus resultados, no sus objetivos manifiestos o intencionalidad. Es decir, una medida puede estar impulsada por las mejores intenciones, pero si sus resultados no son los esperados o complican más de lo que ayudan, entonces no es positiva o lo es solo a medias, etc.

Después, está el hecho de que no salga como se espera, y esto, a veces, puede deberse no a la política en sí misma, que pude ser muy buena, sino a problemas de diseño o aplicación. Esto suele ocurrir, por ejemplo, cuando no se tiene un diagnóstico preciso, lo que termina generando efectos no deseados o que no fueron previstos a la hora de su aplicación.

Así las cosas, la decisión de retornar a los tickets (talonario) para pagar el bono alimentario de los trabajadores, luce como una buena medida en su objetivo manifiesto, considerando que se busca compensar la falta de efectivo y los no menos graves problemas con los puntos de venta o pagos electrónicos. Sin embargo, puede que sus resultados no lo sean, considerando lo siguiente:

  1. Más allá del sabotaje económico evidente por parte de un gran número de comerciantes, estos no aceptan los tickets porque el trámite de cobrarlos dura al menos 72 horas luego que se llevan al banco. Y si los tickets son Valeven -que eran la mayoría hasta no hace mucho- el comerciante en cuestión debe tener una cuenta en los bancos afiliados. Dada la velocidad de circulación del dinero en la actualidad y el ritmo de aumento de los precios (a diario o varias veces al día), este es un tiempo operativo y unos costos que no estarán dispuestos a asumir, en especial los medianos y pequeños comerciantes. Las grandes cadenas aún pueden compensar por otras vías.
  2. Dada la escalada de precios, la dispersión arbitraria de los mismos –un mismo producto puede variar mucho de un lado a otro- y la informalidad con que se llevan a cabo muchas operaciones comerciales en la actualidad, la vieja tradición de los comerciantes de no dar vuelto con los tickets se terminará de imponer como norma, perjudicando aún más a los trabajadores, que se verán obligados a comprar cosas que no necesiten, descontinuando el salario para aquellas que sí; completar con el efectivo que no tienen; o comprar en sitios donde los productos son más caros pero reciben el  talonario. Antes, a los trabajadores asalariados esto no les pesaba mucho, y era un costo que podían asumir sin mayor problema. No obstante, ahora que todo el mundo ha perdido radicalmente su poder adquisitivo (y cada bolívar cuenta) pues el daño si es significativo. Esto le ocurrió a mucha gente con el “Bono Niño Jesús” en aquellos comercios donde los aceptaban, ya que la gran mayoría no lo hizo. ¿Pasará lo mismo esta vez?
  3. La medida tomada el año pasado de autorizar el pago del bono de alimentación a través de depósito en cuenta al igual que el salario, fue positiva por varias razones. Una, a los patronos –tanto públicos como privados- les ahorró el pago de comisión a las empresas prestadoras de los servicios de cestaticket. Y otra, a los trabajadores y trabajadoras les permitió hacer una distribución mejor del ingreso mensual. Por un lado, se vieron menos expuestos a tener que pagar por avances de efectivo. Por otro, podían transferir a distintas cuentas propias o de sus familias (hijos, padres, pagar servicios, etc.,). También, hay que tomar en cuenta que muchos pagos hay que hacerlos obligatoriamente en efectivo, como el transporte «público». Sacando una cuenta conservadora, una persona que gane salario mínimo y viva en Caracas, debe gastar en pasaje mensual al menos 40 mil bolívares, sin incluir hijos u otros familiares. Pero, si vive en la periferia de la ciudad, esa cuenta puede subir tranquilamente a 200 mil mensuales, tomando en consideración -claro está- los precios de pasaje a finales de 2017 y suponiendo que no los suban (lo que es un decir, obvio), eso es casi un 20% y un 80% respectivamente del nuevo salario mínimo.
  4. Todo lo anterior, sumado al problema de acceso al efectivo, expondrá a los trabajadores nuevamente a tener que recurrir a los avances, bien porque no les aceptan los tickets o porque necesitan el dinero para pasajes, darle plata a los hijos, pagar las tarjetas de crédito –una alternativa de muchas familias usan para los gastos diarios- etc. Dado que el problema del efectivo hoy es más grave que el año pasado, por los incentivos perversos en la frontera con el contrabando de billetes, la escalada de precios, los avances de efectivo que ahora se hacen en locales informales o pequeños (a veces manejados por mafias) para rehuir más fácil a la fiscalización de la SUNDDE y SUDEBAN (todo un saludo al terminal La bandera, por cierto), es perfectamente predecible asumir que los porcentajes de quita por los tickets serán superiores al 20% promedio de 2017.
  5. En tal virtud, y dadas otras consideraciones, pese a la buena intención manifiesta de la medida, creemos que debe reconsiderarse y mantener el esquema actual de pago del bono de alimentación. Así, no se hará incurrir a las empresas y particularmente al Estado en un gasto adicional que solo beneficia al sector financiero, pero que además complica aún más la ya en extremo difícil situación de los asalariados y asalariadas. Debemos recordar que, contrario a lo que ocurría en 2012, el bono alimentario es el porcentaje mayor del ingreso mensual de los trabajadores. En 2012, equivalía a un 20% aproximadamente, mientras que en la actualidad a un 70%. Allende de la desmejora que significa esto en término de prestaciones, pago de horas extras, etc., -lo que es otro debate pendiente- en lo inmediato supone que es el salario el que complementa al bono y no al revés, como venía siendo y como deber ser.
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